Diseccionando el comercio internacional Por Alfredo Bonet

Una de las principales manifestaciones del proceso de globalización que vivimos es la creciente fragmentación de los procesos productivos en cadenas globales de valor: la mayoría de los bienes y servicios no se producen en un solo país, sino en varios a través de cadenas más o menos largas de producción y distribución. Más del 50% del valor del comercio internacional de bienes es de productos intermedios, y más del 70% en el caso de los servicios.

La nueva Base de Datos de Comercio en Valor Añadido (TiVA en sus siglas en inglés) de la OCDE y OMC, disponible en la página web de la OCDE (stats.oecd.org), incluye datos de intercambios de bienes y servicios en términos de valor añadido para 57 países, 18 sectores y el período 1995-2009, obtenidos de la combinación de las tablas input-output de esos países con sus datos de comercio bilaterales.

Pongamos un ejemplo. Una teléfono inteligente importado de China en España que tenga un precio de importación de 100€ no tiene, en general, valor añadido de este país de más de 10€. Los 90€ restantes se computan en nuestras importaciones como de origen chino en términos brutos, pero su valor añadido ha sido originado en otros países. La nueva base de datos nos permite desagregar por países los intercambios en términos de valor añadido. Y esto ¿qué implicaciones tiene? Veamos algunas.

Por un lado, la importancia de los socios comerciales se altera al medir los intercambios en términos de valor añadido. Por ejemplo, los elevados déficits de bienes y servicios que la mayoría de los países registran con China se reducen sensiblemente, mostrando que una parte importante del valor de las exportaciones de este país se importa previamente de otros. También se constata cómo exportaciones que se dirigen a algunos países no se quedan en ellos.

Por otro, permite determinar qué sectores de la exportación son los más dependientes de las importaciones, o en cuáles las exportaciones incorporan mayor o menor proporción de valor doméstico, y por tanto de empleo.

Además, los nuevos datos demuestran que más del 50% del valor de las exportaciones de la mayoría de países corresponde a servicios (los exportados directamente más los incorporados indirectamente en los bienes exportados), y no el 25% como suelen mostrar los datos brutos. Esto es consistente con el hecho de que el sector servicios representa en torno al 70% del PIB de los países desarrollados. La implicación está clara: disponer de un sector servicios eficiente, ágil y flexible es clave para la competitividad.

Por último, el análisis ofrece más argumentos para impulsar la participación de los países en las cadenas globales de valor a través de reformas estructurales que permitan encajar sus modelos productivos en la nueva y cambiante realidad del mercado global. Educación, formación profesional, políticas activas de empleo, el funcionamiento de los mercados de bienes, servicios y factores productivos, la reducción de los desequilibrios macroeconómicos, o las políticas fiscal, de I+D+i o industrial forman todas ellas parte de esa agenda.

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